De la piratería científica al Open Access

Aaron Swartz se suicidó el 11 de enero de 2013 con tan solo veintiséis años. Entonces se enfrentaba a la posibilidad de ser condenado a pagar cuatro millones de dólares en multas y a pasar más de cincuenta años en prisión por haber descargado cinco millones de artículos y reseñas académicas propiedad de la sociedad JSTOR y haberlos publicado en abierto de manera ilegal. El sueño del joven Swartz era abrir el acceso al conocimiento que, como escribió en su manifiesto de 2008, había sido usurpado desde hace tiempo: «La información es poder. Pero, como todo poder, están aquellos que quieren mantenerlo solo para ellos. El patrimonio científico y cultural del mundo, publicado a lo largo de los siglos en libros y revistas, está cada vez más digitalizado y encerrado por un puñado de corporaciones privadas».

Ahora, tres años después de la muerte de Swartz, la neurocientífica kazaja Alexandra Elbakyan ha seguido su estela dando acceso universal y gratuito a unos cincuenta millones de artículos científicos disponibles en su página web Sci-Hub. Después de que la fundara en 2011, la editorial Elsevier decidió llevarla ante los tribunales por violar las leyes estadounidenses de copyright y logró que la web cerrase en su dominio anterior. La joven Elbakyan, apodada la Robin Hood de la ciencia, alegó en una carta abierta ante el tribunal de Nueva York que una de las razones por las que fundó la web fueron los problemas que tuvo durante su etapa de estudiante: «No tuve acceso a ningún documento de investigación, documentos que necesitaba para mi proyecto. Es de locos pagar 32 dólares cuando tienes que ojear o leer cientos de documentos para hacer una investigación». En la página principal de Sci-Hub se puede leer otro de sus motivos: «Luchamos contra la desigualdad en el acceso al conocimiento en todo el mundo. El conocimiento científico debe estar disponible para todas las personas independientemente de sus ingresos, condición social y situación geográfica».

De un tiempo a esta parte, instituciones como la Unión Europea han decidido fomentar y exigir la publicación de artículos con acceso abierto (Open Access) ya que si buena parte de la investigación es financiada con dinero público, los ciudadanos que han contribuido a ella con sus impuestos deberían poder acceder a los resultados de dicha investigación. Para ello, existen dos posibles modalidades conocidas como la vía dorada y la verde. En la vía dorada, las editoriales convencionales ofrecen la posibilidad de publicar en acceso abierto pagando previamente una tasa por permitir el acceso universal a la publicación, que puede llegar a costar una media de 3000 euros por artículo. En cuanto a la vía verde, los investigadores pueden publicar de nuevo sus trabajos gratuitamente utilizando repositorios como arXiv, el repositorio DIGITAL.CSIC o el de FECYT (Recolecta), donde se depositan las versiones casi definitivas de los artículos que son autorizadas por muchas revistas una vez que ha transcurrido un plazo determinado (periodo de embargo de las publicaciones).

Si bien todavía queda un largo camino por recorrer para garantizar el acceso universal de los artículos científicos, y sin olvidar que los investigadores tenemos la obligación de hacer más comprensibles nuestros resultados para la sociedad mejorando la forma de comunicar la ciencia, puede que cada vez estemos más cerca de aquel sueño que tuvo un día el joven Aaron Swartz.

Entrada en El Huffington Post

La esperanza de un gesto

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Muchos la tildan ya de foto histórica, de un símbolo gráfico de resistencia para la posteridad. Es posible que esta imagen, protagonizada por la activista sueca Tess Asplund, se instale en el repertorio de fotos icónicas y míticas que reflejan un momento concreto de la historia.

Tomada el uno de mayo en Suecia, esta imagen recoge el momento en que Asplund, armada de una sorprendente valentía, se planta frente a una manifestación de centenares de neonazis del partido Movimiento de Resistencia Nórdica (NRM) con el puño en alto y con el semblante rígido y convencido. El gesto de esta activista negra, que nos llena de admiración y sorpresa, nos golpea en la cara a modo de aviso ante un panorama político desalentador. Si el auge de partidos políticos de ultraderecha en la arena de la política activa europea ya nos situaba en un estado de emergencia reflexiva desde hace unos años, el ascenso de estos en los últimos meses debe despertar con mayor ahínco nuestra conciencia y posicionamiento ideológico. La crisis de los refugiados está marcando pautas de voto: un voto asustado ante lo desconocido y crédulo ante los discursos más extremistas. Y es que la llegada a Europa de miles de refugiados buscando la dignidad vital que todo ser humano merece nos muestra la cara más triste de la sociedad del miedo al otro. Es siempre la misma historia: la de la colonización, la de los crímenes racistas o la de las vallas fronterizas. La historia del miedo ante lo desconocido que todo lo justifica. La historia de la alteridad,  de un “otro” construido socialmente en negativo. Es en base a esa construcción del “otro” extraño, lejano, nocivo y primitivo, con la que se llenan de contenido los discursos de odio, se alimentan los estereotipos raciales que anidan en el imaginario colectivo y se legitiman las políticas restrictivas en materia de inmigración. Y parece que cala el discurso del “otro malvado”, cala con profundidad en quienes, ávidos de una explicación a los problemas sociales, son incapaces de encontrar responsables políticos aceptando un argumento que les da rienda suelta para redirigir injustamente su ira.

La escena protagonizada por Asplund nos azota de nuevo, como nos azotó la imagen de la reportera húngara agrediendo a los refugiados hace unos meses en Röszke, aunque en este caso mostrándonos la cara más cruda de la intolerancia. La foto de Asplund nos azota y nos alienta, porque además de despertarnos nos recuerda que hay quien no quiere callar. Si bien es cierto que Asplund ha reconocido que se replantea si debería haber hecho lo que hizo por miedo a las represalias, lo cierto es que su gesto nos enorgullece y nos recuerda que callar es posicionarse y que mirar hacia otro lado es de cobardes. El activismo es un posicionamiento valiente, y valiente es quien obra libre y satisfecho en la defensa de sus principios. Asplund nos muestra que quizá no somos una generación tan perdida y podemos hacer algo tan solo con un gesto, tal vez con unas palabras. Porque hablar es mejor que callar. Porque callar permite a 300 neonazis manifestarse libremente en plena calle. O peor aún, callar puede situar a los partidos de ultraderecha al frente de las instituciones.

Anna Martínez-Millán: “Hay que romper con los prejuicios del ‘modelo occidental universal correcto”

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Anna Martínez-Millán (Sabadell, 1987)  es graduada en Antropología Social y Cultural y Máster en Investigación en Educación con especialidad en Desigualdades, Investigación y Acción educativa, ambos por la Universidad Autónoma de Barcelona.

Especializada en antropología de la educación, infancia y migraciones desde 2014, forma parte de la junta directiva deKali Zor, asociación gitana activista y de intervención social de Badalona, donde desempeña tareas de comunicación, redacción y coordinación de proyectos europeos.

Antes que nada, ¿crees que es posible acabar con la discriminación hacia el colectivo gitano o, al menos, gran parte de ella, a medida que la sociedad avanza?

Yo creo que sí. Además, si no lo creyera, ¿entonces cómo encontraría yo la motivación para dedicarme a Kali Zor? En todo caso, reconozco que es un proceso complicado, que pasaría por cambiar el paradigma de pensamiento en general. Es decir, requeriría que dejáramos de pensar desde un punto de vista etnocéntrico: dejar de juzgar en función de nuestros parámetros; dejar de ver la diversidad como un obstáculo y empezar a entenderla como un valor en sí mismo. Dicho esto, hay que romper con los prejuicios del ‘modelo occidental universal correcto’ a partir del cual todo lo que no se adecúa resulta ser un problema, y empezar a actuar sobre nuevas bases. ¿Se trata de un proceso complejo? Sí, pero creo que es una lucha que vale la pena, y quiero participar activamente en ella.

¿De dónde nace tu interés por el activismo gitano?

Los libros y artículos que he leído sobre el tema y, sobre todo, mi participación en Budapest, en un programa de Intensive Erasmus sobre los genocidios gitano y judío llevados a cabo por el régimen nazi, despertaron en mí un enorme interés por la defensa de la causa gitana. Después de ese encuentro de doce días en Cracovia, me ofrecieron la posibilidad de ser voluntaria de TERNYPE, una red de asociaciones gitanas europea, para organizar un evento internacional en Cracovia en el verano de 2014. En ese encuentro, conocí a politólogos y antropólogos gitanos que acabaron de suscitar en mí este interés por el activismo gitano. Al verano siguiente asistí en Rumanía a otro evento, que es donde conocí al presidente de Kali Zor, Alfonso Amaya. Me comentó que la asociación se había constituido hacía poco y me propuso ayudarlos. A mi vuelta me reuní con ellos y comenzamos a trabajar juntos.

¿Quién hay detrás de Kali Zor, además de ti? ¿Qué haces exactamente en la asociación?

Somos cinco en total en la junta directiva: Alfonso Amaya, que es el presidente; Vicente Rodríguez, que es el responsable de las relaciones internacionales (un gitano que empezó vendiendo calcetines, pero que ahora sale en la lista Forbes); Gemma Casanova, que se encarga de la página web; David Sarroca, que es el director de proyectos, y yo, que soy la responsable de comunicación, pero además redacto proyectos y coordino… Por más que cada uno tenga encomendadas unas tareas específicas, en lo que se refiere a los proyectos, todos intentamos implicarnos y trabajar juntos.

¿Cómo se financian los proyectos de Kali Zor? ¿Facilitan las subvenciones la unión con las comunidades gitanas de otros lugares de Europa?

Los encuentros juveniles internacionales se financian con subvenciones del programa Erasmus+. Nosotros presentamos el proyecto y, si se aprueba, el programa pone a nuestra disposición los recursos económicos necesarios para su realización. Hicimos un proyecto sobre deporte y gitanos, en el que participaron tanto gitanos como no gitanos de distintos países de Europa practicando distintos deportes, impartiendo talleres y conferencias, etc.

Ahora vamos a presentar otro, sobre gitanos y educación, que consiste en invitar a gitanos de distintos países de Europa con trayectoria de éxito académico (en este caso, de Albania, Rumanía y Hungría) a Sant Roc, en Badalona, donde hay un grave problema de absentismo escolar: el 80 % aproximadamente, decían los medios de comunicación muy recientemente; de este porcentaje, la mayoría son gitanos y, en su mayoría, chicas. La idea es que vengan gitanos de diferentes países que puedan servir de referentes, ya que en el barrio de Sant Roc casi no hay referentes positivos. Queremos aprovechar la posibilidad que da Erasmus+ en materia de financiación para abrir las puertas del barrio y demostrar a este colectivo que el éxito también es posible para ellos.

¿Cuáles son vuestros proyectos a corto y a largo plazo?

A corto plazo, tenemos previsto un evento sobre educación y gitanos al que asistirá Michael Simmons, un referente en la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos en los Estados Unidos que formaba parte de las Panteras Negras y también trabaja con gitanos. Darán una charla Vicente Rodríguez y Michael Simmons en el centro cívico Pati Llimona, como cierre de este acto de gitanos y educación. Tenemos programado otro evento de circo que se celebrará en agosto. Con más continuidad, llevamos una escuela de fútbol con dos equipos femeninos y uno masculino y editamos una revista.

La cultura gitana se considera bastante machista. ¿Cuál es la posición de Kali Zor sobre este aspecto?

Kali Zor no se ha posicionado hasta el momento sobre ningún tema que tenga que ver con el género, pero, desde un punto de vista personal, diría que es feminista. Ahora bien, si decimos que la cultura gitana es machista, también lo tenemos que decir de la paya, que de hecho lo es, pero a un nivel más sutil. Conozco bastantes casos de corresponsabilidad entre parejas gitanas. En todo caso, no son machistas por ser gitanos, sino porque vivimos en una sociedad patriarcal y el machismo está presente en todas las minorías que forman parte de una sociedad patriarcal.

Se expresa de distintas maneras: en el caso de los gitanos, tienen formas que chocan con las nuestras y nos llaman particularmente la atención, por eso creemos que son especialmente machistas. Dicho esto, el machismo existe en la misma medida que en la sociedad en general en tanto en cuanto somos grupos que vivimos en una sociedad patriarcal. Aquí entra mi yo personal: hay prácticas como la de la prueba del pañuelo que, como antropóloga, respeto, porque las entiendo en su contexto, pero con las que, como mujer paya feminista, tengo que lidiar. Yo definiría Kali Zor como feminista por cuanto apuesta por la igualdad de género. Como prueba simbólica de ello, tenemos dos equipos [de fútbol] femeninos, mientras que solo hay uno masculino.

¿Hay algún tema que preocupe particularmente a Kali Zor en estos momentos?

La crisis actual en España azota doblemente a los grupos más vulnerables; entre ellos, el colectivo gitano. La situación económica actual empuja a los servicios sociales a llevarse a los niños de las familias gitanas, que no saben qué hacer en estos casos. En Kali Zor nos preocupa bastante esta situación, e intentaremos aportar cierto asesoramiento jurídico a este colectivo sobre el problema; un asesoramiento, evidentemente, gratuito. Creemos que es un asunto en el que tendríamos que tomar cartas.

Entrevista en El Huffington Post

Guerra de medios: Prisa y los papeles de Panamá

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Esta semana los papeles de Panamá han puesto en el punto de mira a Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa, tras conocerse que su exmujer, Teresa Aranda, figura como apoderada de la empresa Granite Corporation con sede en el paraíso fiscal de las Seychelles. Por otra parte, Cebrián es accionista de una petrolera llamada Star Petroleum de la que fue consejero hasta que dimitió en diciembre de 2015, poco después de que Prisa aprobase un nuevo código ético prohibiendo a sus directivos tener cuentas en paraísos fiscales. El principal impulsor de la petrolera, el empresario iraní Farshad Zandi, donó a Cebrián el 2% de la compañía según El Confidencial. Esto es todo lo que se ha sabido sobre los paraísos fiscales y Juan Luis Cebrián gracias los papeles de Panamá.

El grupo Prisa emitió el pasado martes un comunicado anunciando que emprende acciones legales contra LaSexta, Elconfidencial.com y ElDiario.es por vincular a Juan Luis Cebrián con los papeles de Panamá con “intenciones difamatorias”, pudiéndose convertir en la primera demanda contra periodistas por publicar los papeles de Panamá. La Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI) ya ha calificado de injustificada esta demanda. Además, este miércoles se ha sabido que la Cadena Ser (Prisa) ha despedido a Ignacio Escolar, director de Eldiario.es, como analista en la tertulia del programa Hoy por Hoy al mismo tiempo que ha prohibido a redactores de El País colaborar con La Sexta. Sin lugar a dudas, las represalias que ha tomado el presidente del grupo Prisa contra los medios y periodistas que han publicado los papeles de Panamá ha abierto un debate acerca de la libertad de información, ya que toda la información sobre Juan Luis Cebrián y los papeles de Panamá ha sido omitida en El País. Si bien uno de los argumentos de Prisa para denunciar a los medios es que la vinculación de Cebrián con los papeles de Panamá se produce de forma indirecta, El País también publicó noticias de forma parecida que enfocaban a Putin, Le Pen o Chávez con la aparición de su entorno en los papeles de Panamá.

En una sociedad tan dependiente de los medios de comunicación y que pueden tener tanta influencia en el panorama electoral, más que nunca resulta imprescindible la garantía de una información libre e independiente sea cuál sea el fondo de la publicación. Por otra parte, me ha sorprendido cómo un periódico con nombre de prestigio como El País haya estado pudiendo pasar de puntillas por una noticia tan relevante para la sociedad como son los papeles de Panamá. ¿Acaso sus lectores y suscriptores no merecen estar informados sobre las novedades de estos documentos?

Resignada España: aquí no pasa nada

Portada

La portada de la satírica revista El Jueves de esta semana hace hincapié en la pasividad de la sociedad española ante los recientes escándalos políticos a la hora de compararnos con otros países. Mientras centenares de miles de franceses se manifiestan en París en contra de una reforma laboral similar a la que ya tenemos aquí o miles de ciudadanos islandeses se movilizan para pedir la dimisión de su primer ministro por su implicación en los papeles de Panamá, aquí la semana pasada pudimos ver a decenas de españoles concentrados en Madrid para salvar a los finalistas de Gran Hermano. ¿Acaso somos más permisivos con nuestros políticos o es que nos hemos quedado en shock (como contaba Naomi Klein en su libro) tras la avalancha de casos de corrupción que llevamos presenciando todos estos años hasta el punto de llegarlo a normalizarlo en nuestras vidas?

El ministro de Industria José Manuel Soria, uno de los últimos nombres que ha aparecido en los papeles de Panamáhabía negado hasta hace poco tener cualquier tipo de participación como directivo o administrador en la sociedad UK Lines creada en Bahamas. Esta misma semana salió a la luz un documento con su firma que prueba que sustituyó a su padre como secretario de la sociedad y que lo llevó hacia el túnel sin salida de la dimisión. Hace poco Mariano Rajoy prometió a Jordi Évole que asumiría responsabilidades por cualquier cargo nombrado por él. ¿Será consecuente con sus palabras por esta vez o seguirá echando balones fuera?

Por otra parte, esta misma semana también hemos conocido que Bertín Osborne reactivó en octubre de 2015 una sociedad en Panamá un mes después del estreno del programa de entrevistas que emitía la televisión pública. A pesar de haber admitido fundar su empresa en el paraíso fiscal, le hemos visto justificarse argumentando que lo hizo “para pagar menos impuestos”, ya que “lo hace todo el mundo, todos lo hacen”. Ahora, gracias a la amnistía fiscal de Montoro y al igual que la mayoría de los españoles que aparecen en los papeles de Panamá, habrá podido regularizar todo el dinero pagando menos del 10 % (de media un 3%) del patrimonio defraudado. Pero, ¿acaso no seguirían pagando menos impuestos en cualquier otro rincón del mundo si no hubiesen salido a la luz los documentos que les implican o si Montoro no les proporcionase inmunidad? ¿No deberíamos exigir a Rajoy responsabilidades por nombrar ministro a alguien con una trayectoria como la de Soria? Pero aquí no pasa nada, esto no es Islandia. Mañana será otro día y seguiremos viendo las entrevistas de Bertín, disfrutando de los goles de Messi y votando a aquellos que encubren a quienes eluden pagar sus impuestos.

El escándalo de los papeles de Panamá: crónica de un crimen

Stand, sun, sea, palm beach chair. So one imagines a tax haven.

Si bien no me atrevería a sentenciar, bajo ningún concepto, que el escándalo de los papeles de Panamá es la crónica de un «crimen organizado», no tendría ningún reparo en señalar que se trata, a todas luces, del resultado de un innegable flirteo entre las élites económicas y políticas; todo ello ante los ojos de una ciudadanía incomprensiblemente pasiva. Es más, hasta podría reseñar la existencia de cierto beneplácito por parte de los poderes públicos, que no abordan esta compleja problemática con toda la seriedad que requiere. En este sentido, la implicación de casi dos mil españoles en este escándalo debe llevarnos, como mínimo, a reflexionar sobre las siguientes consideraciones.

Recordemos, en primer lugar, que la Constitución española prevé que todos los ciudadanos contribuyan al sostenimiento de los gastos públicos en condiciones de igualdad, de acuerdo con su capacidad económica. Ello impone a los poderes públicos el deber de promover las condiciones requeridas para que la igualdad de los ciudadanos sea real y efectiva. Es más, en las primeras afirmaciones de la Carta Magna se destaca la necesidad de garantizar la convivencia democrática conforme a un orden económico y social justo. Es por ello por lo que los papeles de Panamá importan, y mucho, porque evidencian la injusta quiebra, por parte de algunos, de una igualdad imprescindible en la contribución al sostenimiento de los gastos públicos, con una carga consecuentemente mayor sobre quienes menos recursos económicos tienen. Y lo que es peor: perjudica a los servicios públicos garantes de bienes jurídicos tan importantes como la educación y la sanidad pública, que hace aún más deficientes en una situación de crisis económica grave con recurrentes recortes millonarios. Es obvio que si los impuestos sirven para garantizar los gastos públicos, eludir su pago implica, en términos prácticos, el desmantelamiento de los servicios públicos. Además de hacer pagar a los más pobres una parte sustancial de lo que corresponde a los más ricos: el sumun del sinsentido.

Si eludir las responsabilidades tributarias tiene un impacto tan nefasto tanto en la igualdad entre los ciudadanos como en los propios servicios públicos necesarios en un estado de bienestar, el estricto cumplimiento de las normas deviene una imperiosa urgencia. Frente a una situación similar, un Estado de derecho debe recurrir a su mejor aliado, que son las normas que garantizan el cumplimiento de otras. El Código Penal español, en su exposición de motivos, reconoce que puede contribuir a la igualdad real y efectiva entre los ciudadanos. Y eso es justo lo que se ha de exigir: que el Código Penal, en la medida de lo posible, ayude a avanzar en este camino. Por ello, los delitos económicos deberían ser castigados con penas de cárcel no sustitutivas por multas económicas, a fin de disuadir a cualquier persona de sustraerse de sus obligaciones tributarias.

En conclusión, incumbe a la sociedad la obligación de dotarse de las herramientas necesarias y suficientes para hacer frente a uno de sus mayores retos: el fraude fiscal. Quiero pensar, quizá con razón, que recurrir al derecho penal debe ser el revulsivo de los estados democráticos y de derecho cuando el de las élites económicas consiste en agrandar aún más la brecha de la desigualdad. Es una cuestión de decencia.

Entrada en El Huffington Post

El curioso caso de Marcos Benavent

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La fascinación que ha generado Marcos Benavent, el hombre clave en la Operación Taula gracias a los centenares de grabaciones que ha sacado a la luz, se debe no sólo a la transformación física radical que ha sufrido en estos últimos tiempos, sino también a la supuesta revelación mística que le ha llevado a desenmascarar la citada trama de corrupción valenciana. El arrepentido Benavent, exgerente de Imelsa y hombre de confianza de Alfonso Rus, alcanzó su particular nirvana después de viajar a la selva amazónica de Ecuador, a Japón y a Ámsterdam a principios del año pasado. Fue durante esos viajes cuando se reencontró consigo mismo haciendo, por ejemplo, talleres de agricultura biodinámica, yoga y tantra, a los que se dedica desde entonces.

“Yo era un yonqui del dinero; me he llevado de todo”, reconoció Benavent ante las cámaras delante del juzgado en mayo de 2015, tras su regreso después de cuatro meses desaparecido. “Me he equivocado; asumiré lo que tenga que asumir”. Al escenificar su redención pidiendo perdón públicamente ante los periodistas, el que era mano derecha de Rus pretende categorizar la corrupción como una supuesta enfermedad o adicción (como el alcoholismo o drogadicción) de la que, después de alcanzar la luz y vislumbrar el camino del bien, todo parece indicar que el paciente enfermo por el dinero está recuperándose.

“Va a salir mierda a punta pala”, advirtió Benavent después de declarar por primera vez ante el juez, en mayo del año pasado. Y así ha sido. Gracias a sus aportaciones, hemos podido escuchar la grabación de Alfonso Rus en 2006 contando “los dos millones de pelas” de un dinero que supuestamente procede del pago de comisiones, a cambio de amañar un concurso de viviendas de protección oficial. Otros documentos han revelado cómo el Ayuntamiento de Valencia contrataba servicios con empresas vinculadas al sobrino de Rita Barberá, o cómo la exconcejala María José Alcón negociaba con Benavent para adjudicar diferentes contratos para la Mostra del Cinema del Mediterrani.

Poco a poco, la mierda ha ido saliendo y todo el grupo del PP valenciano ha sido imputado por blanqueo de dinero para la caja b del partido, lo que ha dejado a Rita Barberá en la cuerda floja mientras resiste gracias a su aforamiento por ser senadora. Además, todo parece indicar que Barberá utilizó las comisiones del 3% por la adjudicación de obras y servicios para financiar su campaña de las municipales de mayo de 2015.

En estas últimas semanas, hemos escuchado al que fuera vicealcalde de Valencia con Rita Barberá, Alfonso Grau, insinuar que Rita Barberá era consciente de la financiación irregular del PP y calificar a Benavent de psicópata por grabar durante diez años “a todo bicho viviente”. Es muy probable que en los próximos días salgan nuevos “bichos vivientes” a la superficie.

Sin lugar a dudas, lo atípico del caso Benavent no es su personalidad extravagante, sino el hecho de ver a una persona corrupta en el pasado asumiendo ahora sus errores, pidiendo perdón por ellos y mostrando arrepentimiento delante de las cámaras. Sólo él sabe realmente si la reconversión de su persona viene precedida de un arrepentimiento sincero o existen otros intereses particulares. En cualquier caso, si se demuestra mínimamente que existe una posible relación entre los talleres de yoga y tantra que realiza Benavent con su profundo cambio de moral, puede que fuese más que aconsejable que todo el PP valenciano comenzase a asistir a talleres similares para desintoxicarse de su adicción al dinero.

Entrada en El Huffington Post